Berlín de la mano de Rosa Luxemburgo

Introducción: Qué ver en Berlín

¡Saludos, camaradas! Soy Rosa Luxemburgo, teórica marxista soviética y cofundadora del ahora partido comunista alemán. Pasé la mitad de mi vida en la convulsa ciudad de Berlín, que desde mi nacimiento en 1871 hasta finales del siglo XX atravesó infinidad de momentos históricos que hoy en día se pueden apreciar paseando por la ciudad, casi totalmente reconstruida después de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. En poco más de un siglo, Berlín sufrió dos grandes guerras y los estragos de la barbarie nazi, estuvo dividida por el famoso Muro y fue el lugar donde se anunció el derrocamiento de la monarquía; de hecho ¡yo lideré la revolución! Todo ello quedó marcado en su arquitectura y su carácter, que configuran el Berlín actual, una ciudad muy activa y alternativa. La capital alemana, tan distinta del resto del país, es auténtica y cuenta con lugares llenos de historia y de lucha que merece la pena descubrir. ¿Nos vamos de paseo?

1.-  Alexanderplatz

Estamos en Alexanderplatz, el centro de Berlín. ¡Cómo ha cambiado! Cuando yo vivía en Berlín, Alexanderplatz presumía de elegantes edificios, pero fueron destruidos durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. En los años 60, esta plaza constituía el centro neurálgico del Berlín Este y el Gobierno de la República Democrática Alemana o RDA la reconstruyó de acuerdo con el gusto comunista, con grandes edificios minimalistas. En 1969, se incorporaron a Alexanderplatz dos de los símbolos de la ciudad: la gran torre de televisión y el reloj mundial. El 4 de noviembre de 1989, se manifestaron en esta plaza más de medio millón de personas, demostrando el poder de las masas y su capacidad de cambiar el curso de la historia, ya que consiguieron que el Muro cayera tan solo cinco días después. Ahora el capitalismo reina en la plaza, ¡está llena de cadenas de tiendas! Por cierto, una de las calles que sale de la plaza lleva mi nombre.

Torre de televisión de Berlín

2.-  Hackescher Höfe

El Kaiser Guillermo I obligó a todos los judíos de Berlín a trasladarse aquí en 1737. Debido a la superpoblación en Berlín y a una ley que estipulaba que las construcciones no superaran los cinco pisos, se idearon viviendas con un sistema de edificios ordenados alrededor de patios: cuanto más alejados de la calle, más baratos, con lo que el mismo bloque de edificios estaba dividido por estratos sociales y cada patio era casi como un pequeño barrio. Estos patios son los llamados Hackescher Höfe y destacan dos actualmente: el Endellscher Hof, muy elegante y con tiendas de diseño, y el interesantísimo Schwarzenberg, que varios artistas ocuparon para repararlo, unidos por el antisemitismo y la lucha contra toda discriminación, con murales que van cambiando cada cierto tiempo. El alemán Otto Weidt tenía aquí un centro para trabajadores ciegos y sordos y durante el nazismo contrató a muchos judíos para que no los enviaran a campos de concentración. ¡Toda una proeza!

3.-  Nueva Sinagoga

La Nueva Sinagoga también fue dañada durante la Segunda Guerra Mundial, por lo que cambió ligeramente desde su inauguración en 1866. Se construyó para albergar a la cada vez más creciente población judía, con capacidad para tres mil personas. A pesar de no ser religiosa, me gustaba contemplar la bella arquitectura de la sinagoga: su fachada de ladrillo ornamentada, pero austera, está coronada por una majestuosa cúpula con toques dorados. En los linchamientos nazis durante la Noche de los Cristales Rotos, del 9 al 10 de noviembre de 1938, cuando se quemaron más de mil sinagogas en la Alemania Nazi, un policía empuñó su arma para proteger la Nueva Sinagoga de los atacantes y consiguieron apagar los incendios en la zona antes de que dañaran el edificio. A día de hoy, esta sinagoga tiene protección policial permanente, al igual que otros edificios judíos en la ciudad.

Nueva sinagoga

4.-  Museo de la RDA (DDR Museum)

En este pequeño museo se cuenta la historia de la República Democrática Alemana, también conocida como RDA o como DDR, por sus siglas en alemán. La RDA formaba parte del Bloque del Este durante la Guerra Fría. Esta zona logró aislarse del zarpazo del capitalismo entre 1949 y 1990, aunque las condiciones en las que vivía la gente no eran idóneas, por carecer de libertades personales. Yo misma serví como un símbolo de la RDA, por mi ideología y mi defensa de la igualdad, por lo que rebautizaron varios lugares de la ciudad con mi nombre. Sin embargo, sus formas dictatoriales y represivas no honraban mi memoria. Muy cerca se encuentra el Marx-Engels Forum, con una estatua de los autores del Manifiesto Comunista. En las calles de Berlín, por cierto, aún quedan huellas de la RDA gracias a los Ampelmann, los característicos muñequitos de los semáforos que hay por toda la ciudad, todo un símbolo de la reunificación alemana.

5.-  Isla de los Museos

¡Cómo me habría gustado haber visto el busto de Nefertiti con mis propios ojos! Recuerdo el revuelo que causó su hallazgo y cómo sus descubridores alegaron que no existían palabras para describirlo: había que contemplarlo en persona. Ahora Nefertiti está en esta isla, en el Neues Museum, el más importante junto con el Pérgamo. En esta isla en el río también se encuentra el Lustgarden, el parque donde, aquel 9 de noviembre de 1918, se encontraban las gentes entusiasmadas al escuchar a mi camarada Karl Liebknecht, con quien lideré la revolución, declarar la República Libre y Socialista Alemana tras la abdicación del Kaiser. Fue un día tan emocionante… Qué pena que al final fracasara. La Liga Espartaquista, fundada por Liebknecht y yo, sigue viva, pues se convertiría en el Partido Comunista de Alemania. El Lustgarden se tiñó después de fealdad, puesto que aquí se celebraron varios mítines nazis, con Hitler como orador. Como no triunfó el socialismo, reinó la barbarie.

6.-  Catedral de Berlín

La Catedral de Berlín o Berliner Dom es la iglesia más grande de la ciudad, donde se realizan misas protestantes, conciertos y visitas. En su cripta está uno de los mayores sepulcros dinásticos de toda Europa. El parque de enfrente es el Lustgarden. Se construyó en el siglo XV como iglesia católica, después fue luterana y desde 1817, protestante. Sin embargo, se reconstruyó tantas veces que la catedral que conocemos ahora se terminó en 1905, con estilo neorrenacentista. Durante la Segunda Guerra Mundial sufrió grandes daños y durante la época de la RDA no ofreció servicios religiosos, como había de ser para seguir los ideales comunistas. Llaman mucho la atención sus cúpulas verdes, ¿a que sí? Ese color tan característico no es otro que el de la pátina, es decir, el aspecto que ha adquirido el cobre que recubre las cúpulas debido a la humedad.

7.-  Nikolaiviertel + Rotes Rathaus

¿No es preciosa esta zona? Se trata de la parte más antigua de Berlín, el Nikolaiviertel o barrio de Nicolás. Data del siglo XIII y se mantuvo en pie hasta la Segunda Guerra Mundial, cuando los bombardeos de los aliados destruyeron gran parte de la ciudad con el fin de acabar con la lacra fascista. Por ello Nikolaiviertel está totalmente reconstruido. La iglesia que hay en el centro, Nikolaikirche, es la más antigua de la ciudad, construida alrededor del año 1230, época en la que se erigieron decenas y decenas de iglesias en toda Europa, con el fin de embadurnar a las personas con la fe cristiana, un medio de control de las masas muy eficaz, a decir verdad. Muy cerca se encuentra el Rotes Rathaus o ayuntamiento rojo, que es el actual ayuntamiento de Berlín y que se construyó a mediados del siglo XIX con un ladrillo rojizo y la estética renacentista del norte de Italia.

8.-  Humboldt Forum

El Humboldt Forum se encuentra en un espacio que ocuparon otros edificios en el pasado. Originalmente, vivían aquí los reyes prusianos, en un enorme Palacio Real barroco, desde donde precisamente mi camarada Karl Liebknecht anunció la caída de la monarquía. Aunque el Palacio Real sufrió daños en la Segunda Guerra Mundial, quedó en pie. El Gobierno de la RDA lo derribó, por considerarlo un símbolo imperialista, y construyó el Parlamento de Berlín Este, un sobrio edificio con fachadas de espejo marrón. No obstante, un adolescente hamburgués visitó Berlín en 1962, vio que el Palacio había desaparecido y se obsesionó con recuperarlo. Después de la caída del Muro aquel antiguo estudiante creó una fundación gracias a la que consiguió que se dispusieran a derribar el edificio comunista, pero se paralizó el proyecto debido a las protestas y muchos artistas lo ocuparon hasta que finalmente lo destruyeron. La reconstrucción del antiguo Palacio configura ahora el Humboldt Forum, dedicado a las artes.

9.-  Unter den Linden

Junto a la Isla de los Museos se encuentra la calle Karl Liebknecht, que pasa a ser el famoso bulevar de Unter den Linden o «bajo los tilos». Juan Jorge de Brandeburgo lo creó para llegar fácilmente al Tiergarten, su coto de caza. Su diseño definitivo se realizó en el siglo XIX, como prueba de que Berlín no era un pueblo, sino una gran ciudad, pero fue totalmente destruido durante la Segunda Guerra Mundial. El Gobierno de Berlín Este plantó los tilos de nuevo, para devolverle al bulevar su aspecto original. Siempre ha sido uno de lugares preferidos por los berlineses e inspiración de escritores, compositores y artistas. Aquí, al principio del bulevar, podemos ver a la derecha la Neue Wache, monumento a los caídos en la guerra, y la Universidad Humboldt, que siempre me traía buenos recuerdos, por mis años de estudiante en Zúrich, donde me doctoré en Derecho, siendo una de las primeras mujeres en poder hacerlo.

10.-  Bebelplatz

La majestuosa plaza de Bebelplatz está rodeada por grandes edificios: la Ópera Estatal, partes de la Universidad de Humboldt y la catedral de Santa Eduvigis. Sin embargo, lo más llamativo de esta plaza es la obra conceptual del artista israelí Micha Ullman: una sala con estanterías vacías que se encuentra bajo tierra y que se ve desde arriba, a un lado de la plaza. La obra representa la quema de libros que los nazis llevaron a cabo el 10 de mayo de 1933 en este mismo lugar. Se trató de una acción sincronizada en veintidós ciudades universitarias alemanas y llevaba a cabo a manos de estudiantes y profesores nazis. Debido a su espíritu totalitarista, consideraron que las obras con ideologías distintas, como las comunistas o pacifistas, y las escritas por judíos se merecían arder en la hoguera, con lo que quemaron libros de autores como Franz Kafka, Albert Einstein, Bertha von Suttner, Karl Marx, Sigmund Freud o una servidora.

11.-  Pariser Platz

Al final de Unter den Linden se encuentra una de las plazas más importantes de la ciudad y, desde luego, una de las más populares entre los turistas. Fue bautizada como Pariser Platz o «plaza de París» en honor a la ocupación de la capital francesa en 1814 a manos de los aliados contra el imperialismo de Napoleón, entre quienes había tropas prusianas. Durante la Segunda Guerra Mundial, esta plaza fue destruida casi totalmente. Al quedar en la frontera cuando el Muro dividió la ciudad, la zona quedó asolada y se reconstruyó tras la caída, con un plan arquitectónico estricto, cuyo resultado es este armonioso espacio. En ella se encuentran la Puerta de Brandenburgo, varias tiendas, la Academia de las Artes, el prestigioso hotel Adlon y la Sala del silencio, mi lugar favorito de la plaza, ya que se puede pensar y meditar estando ajenos de los ruidos de la gente, del tráfico y de la historia.

12.-  Puerta de Brandenburgo

La Puerta de Brandenburgo sí sobrevivió a los bombardeos bélicos, aunque quedara algo dañada. Originalmente llamada Puerta de la Paz, se construyó en el siglo XVIII en estilo neoclásico para marcar la antigua frontera entre Berlín y la Ciudad de Brandenburgo. En un principio, la familia real se otorgó el privilegio de exclusividad para pasar bajo la puerta y luego la adoptaron los nazis como un símbolo del partido. Durante la Guerra Fría, el Muro pasaba justo al lado, algo que se puede ver ahora con un tímido pero poderoso monumento en el suelo, donde está señalada la trayectoria del Muro con baldosines. Pero no solo se puede ver aquí, ¡fíjate en las demás zonas fronterizas por todo Berlín! Los medios de comunicación cubrieron especialmente esta zona durante la Caída del Muro, en 1989, con lo que la Puerta de Brandenburgo quedó grabada en el imaginario internacional como símbolo de lo que fue en origen: la Puerta de la Paz.

Rastro del muro de Berlín

13.-  Reichstag

El Reichstag, de estilo neobarroco y lugar actual de reunión del parlamento alemán, ha sufrido grandes daños a lo largo de su historia: primero cuando lo incendiaron en 1933, como ataque al partido nazi, que lo usaba también con fines parlamentarios; luego cuando lo bombardeó el heroico Ejército Rojo en 1945 para después realizar unas pintadas en alfabeto cirílico, aún conservadas, y colocar una bandera en el emblemático edificio en celebración de la victoria sobre las tropas fascistas en la batalla de Berlín, la última gran batalla de la guerra. Después de la guerra cayó en desuso, ya que la Cámara del Pueblo, de Berlín este, y el Parlamento Federal, de Berlín oeste, se asignaron a otros lugares, en las ciudades de Berlín y Bonn respectivamente. El acto oficial de la ceremonia de reunificación en 1990 se realizó en el Reichstag. Los visitantes que lo deseen podrán disfrutar de las vistas de la ciudad desde la impresionante cúpula de cristal.

14.-  Tiergarten

Por muy agradable que resulte pasear por aquí, lejos del tumulto de la ciudad, el Tiergarten, o «jardín de animales», no me trae buenos recuerdos: fue aquí donde los paramilitares del Freikorps, apoyados por el ministro de defensa, dispararon a mi camarada Liebknecht, para después depositar su cuerpo sin nombre en una morgue. Nuestro asesinato levantó una ola de violencia en la ciudad, con muchos revolucionarios y civiles asesinados. Hay un monumento dedicado a Liebknecht y a mí en este inmenso parque de 210 hectáreas, concebido originalmente como coto de caza para la realeza, que luego también construyó salones aristócratas, para privilegiar, como siempre, a las clases altas. Afortunadamente, el pueblo comenzó a usar el espacio, en el que se instalaron refugiados y gentes empobrecidas en pequeñas construcciones rudimentarias, que contrastaban con los ostentosos salones. De entre los tantos monumentos, destaca la Columna de la Victoria, en el centro del parque, desde donde hay unas preciosas vistas.

15.-  Potsdamer Platz

¡No me puedo creer que esto sea Potsdamer Platz! Con esos modernos edificios de cristal, está irreconocible. Ha cambiado radicalmente desde que celebráramos aquí la primera gran manifestación por la paz, en contra de la Primera Guerra Mundial. Centro ferroviario del país, era una de las plazas más transitadas de toda Europa en la década de los 20 del siglo pasado y parece que sigue siendo muy popular. Después de quedar prácticamente destruido por los bombardeos, en los inicios de la Guerra Fría constituyó una zona neutra para soviéticos, británicos y estadounidenses. Se reconstruyó parcialmente, pero los edificios fueron derribados de nuevo debido a los incendios provocados en la Sublevación de 1953 en la Alemania oriental, contra el Gobierno de la RDA. Luego se convirtió en tierra de nadie y, prácticamente, en un vertedero gigante. En 1990 se celebró en Potsdamer Platz el mayor concierto de rock hasta la época, con Pink Floyd interpretando su célebre The Wall, «el muro».

16.-  Weinhaus Huth

Con todas estas construcciones tan llamativas en Potsdamer Platz, el edificio más longevo de todos, Weinhaus Huth, pasa desapercibido, ya que está integrado en el conjunto arquitectónico. Gracias a su estructura de hierro, fue el único edificio que quedó entero en toda la plaza después de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, eso no es lo más sorprendente, sino que la zona quedó totalmente abandonada al acabar la guerra, por estar cerca del Muro, y nadie quería ni pisar por aquí, por lo que Weinhaus Huth fue el único edificio hasta la década de los 90. Así, en medio de la inmensa ciudad quedaba esta plaza prácticamente desierta, algo que cambió radicalmente con la Reunificación Alemana, cuando la zona se revalorizó y la reconstruyeron, gastando doscientos millones de euros extra para respetar el edificio protegido de Weinhaus Huth. De esta forma, la zona recuperó la afluencia de gentes ávidas de diversión y consumismo, totalmente inmersas en el capitalismo vencedor.

17.-  Monumento a los judíos de Europa asesinados

El Monumento a los judíos de Europa asesinados pone los pelos de punta. Aunque siempre fuimos un pueblo perseguido, los nazis llevaron a cabo la mayor masacre, asesinando a seis millones de judíos. Afortunadamente, los aliados y las valerosas tropas soviéticas consiguieron erradicar el fascismo. Alemania condenó lo ocurrido eliminando símbolos nazis e invirtiendo en obras centradas en la memoria, como las Stolpersteine, pequeñas placas informativas de hormigón y latón incrustadas en el suelo por toda la ciudad, en los lugares donde habían residido judíos llevados a campos de concentración, o este poderoso monumento ante el que nos encontramos, con casi tres mil bloques de cemento de distintas alturas y a diferentes distancias que transmiten sentimientos como la angustia o el dolor. Debajo hay un centro de información con datos sobre el Holocausto que hielan la sangre. Existe también un monumento a los homosexuales perseguidos durante el nazismo justo al otro lado de la calle, nada más entrar al Tiergarten.

Helene Dobrin Moritz Dobrin

18.-  Búnker de Hitler

En consonancia con el proceso de eliminación de todos los símbolos fascistas por parte de los soviéticos y, más adelante, del Gobierno alemán, para mostrar rechazo y para evitar peregrinaciones, se destruyó el búnker donde Hitler pasó sus últimos momentos. En él, dirigió operaciones y se casó con Eva Braun. Justo bajo nuestros pies se encontraba este lugar muy elaborado, especialmente construido para el dictador en 1944, a 8,5 metros bajo tierra y con tres metros de cemento encima, con salidas a la antigua Cancillería del Reich. Aun en tales circunstancias, no renunciaron a sus privilegios y vivían en espacio amplísimo, con agua, electricidad, sirvientes, muebles de lujo y pinturas, entre ellas un retrato de Federico II de Prusia, uno de los héroes del genocida. Acorralados por el ejército soviético, ambos se suicidaron, él de un tiro y ella con cianuro, y luego sus cuerpos fueron incinerados, por petición expresa de Hitler. Hay una placa indicativa del lugar desde 2006.

19.-  Neue Kirche + Gendarmenmarkt

La Neue Kirche, también conocida como la Catedral Alemana, se encuentra frente a la Catedral Francesa, componiendo dos edificios casi idénticos. Ambos conforman, junto con la sala de conciertos, en el conjunto de Gendarmenmarkt, una de las plazas más bellas y armoniosas de Berlín, con esa bonita piedra de tono amarillento. Sin embargo, como sucede en toda la ciudad, este no es el aspecto que tenía en el siglo XVII, cuando se creó, ya que fue casi totalmente destruida en los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, y los edificios reconstruidos no conservan su carácter religioso, sino que cuentan con museos, cafeterías y miradores. En medio de la plaza hay un monumento dedicado a uno de los poetas alemanes más célebres: Schiller. La época más animada para disfrutar de la plaza es en diciembre, porque, pese al frío, la gente se congrega alegremente en uno de los mercadillos navideños más populares de la ciudad.

20.-  Checkpoint Charlie

El Checkpoint Charlie fue el control fronterizo más famoso entre Berlín Este y Berlín Oeste. En actividad durante veintiocho años, se trataba del único punto de paso de un lado a otro para extranjeros y aliados. Con un sistema de control mucho más desarrollado en el este, fue escenario de protestas pacíficas, grandes momentos de tensión (¡con tanques incluidos!) y tiroteos dirigidos a quienes intentaban cruzar ilegalmente. Hoy en día hay una reproducción de un puesto de mando, la foto de un soldado de cada bando y placas indicativas de la entrada y salida de uno a otro lado. Lo más llamativo para mí es observar la diferencia aún visible entre el lado este y el oeste desde el Checkpoint Charlie, especialmente en relación con la arquitectura y los negocios que hay en las calles inmediatamente colindantes. Se trata de uno de los lugares más representados en la literatura y el cine centrados en este periodo histórico.

21.-  Museo Judío

No hay mejor lugar en toda la ciudad para aprender sobre nuestra historia, la del pueblo judío. Está compuesto por tres edificios con formas irregulares, como símbolo del camino irregular al que nuestro pueblo ha estado sometido durante la historia, y cuenta con objetos, fotografías, pinturas, esculturas y documentos en los que el horror está muy presente, con especial énfasis en el Holocausto, por supuesto. Antes había un museo judío en otro lugar de la ciudad, pero los nazis lo cerraron en 1933 y no fue hasta 2001 que este nuevo museo judío de la ciudad abrió sus puertas. Es imprescindible visitar este museo para comprender la historia de Berlín, una ciudad con una gran influencia intelectual, cultural y económica de los judíos. Tiene una zona de eventos, donde se celebran regularmente conciertos de música judía tradicional y contemporánea, se proyectan películas y se puede disfrutar de la comida kosher, preparada conforme a las leyes judías tradicionales.

22.-  Canal Landwehr

El barrio de Kreuzberg era el centro alternativo y creativo de Berlín Oeste y aún conserva su ambiente, a pesar de su rápida elitización residencial en la última década. Aquí se encuentra parte del canal Landwehr, construido entre 1845 y 1850 para unir las zonas este y oeste del río Spree. A las orillas de este canal, el 15 de enero de 1919, las fuerzas paramilitares del Freikorps me asesinaron a culatazos y con un disparo en la cabeza, cuando tenía cuarenta y siete años, simplemente por mi ideología comunista. No contentos con aquella injusta y terrible muerte, tiraron mi cadáver al agua, donde estuvo durante casi cinco meses. Los textos que escribí, en busca de conseguir un mundo más justo afortunadamente perduraron: entre otras cosas, Lenin y Trotsky dieron reconocimiento a mis credenciales revolucionarios en la III Internacional y a mediados de enero Berlín celebra cada año el día de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht. ¡Fui, soy y seré!

[Guía diseñada y escrita por
Patricia Martín Rivas]

~~~~~~~~~~~~~~~~~

Más guías originales

Esta guía está narrada a partir de un personaje histórico
y forma parte del proyecto Navibration

[Está prohibido copiar o reproducir, total o parcialmente, el contenido del sitio web, salvo para su uso propio y salvo autorización específica.]