
Autor: patriciamartinrivas
Creadoras en el Barrio de las Letras
Idea original de la acción performativa #CreadorasLetras, llevada a cabo con el apoyo de Orbita Diversa, por la visibilización de las escritoras en los espacios públicos, concretamente en la calle Huertas, donde hay catorce citas literarias, todas ellas de hombres.
En el artículo En el barrio de las Letras todavía no hay mujeres se explica en detalle la acción; y en los enlaces a continuación se muestra la gran repercusión social y mediática que ha tenido.
Un año después, cree y dirigí una acción relacionada, #NameHerToo, en Palo Alto (California).
#CreadorasLetras tuvo una gran repercusión mediática. A continuación se presentan enlaces a los diferentes medios de comunicación en los que aparecimos.
Las mujeres, las grandes olvidadas de la literatura: «Hemos sido borradas de los libros de historia» | Vídeo
La Sexta, 5 de marzo de 2017
Barrio de las Letras – Change.org – Vamos a cambiar el mundo | Audio
Radio Nacional de España, Carles Mesa, 15 de febrero de 2017
Escritoras en el barrio de las Letras
Estandarte, 27 de enero de 2017
Presentación de la acción Escritoras en el Barrio de las Letras | Audio
Cope, 23 de enero de 2017
Reescribamos la historia
Orbita Diversa, Patricia Martín Rivas, 23 de enero de 2017
CyM con Órbita Diversa para visibilizar a escritoras en el Barrio de las Letras
Clásicas y Modernas, 23 de enero de 2017
Piden más presencia de escritoras en el Barrio de las Letras | También en la edición en papel
El Mundo, Ana Caro, 21 de enero de 2017
Petición aprobada en el pleno de la Junta del Distrito Centro | Vídeo
Orbita diversa, 20 de enero de 2017
Escritoras en el Barrio de las Letras
Igualdad IES San Isidro, 16 de enero de 2017
CreadorasLetras | Vídeo
Orbita diversa, 14 de enero de 2017
#CreadorasLetras en el telediario de TVE | Vídeo
Televisión Española, 12 de enero de 2017
¿Dónde están las mujeres en el Barrio de las Letras? #CreadorasDeCambio | Vídeo
Floreando & Gerundio, 12 de enero de 2017
El Barrio de las Letras y #CreadorasdeCambio: o de cómo no pensaba comenzar el año
Floreando & Gerundio, 12 de enero de 2017
Creadoras: divulgando historia en femenino
Nokton Magazine, Adela Bértolo, 11 de enero de 2017
Faltan las escritoras en el madrileño Barrio de las Letras
Tribuna Feminista, Patricia Martín Rivas, 10 de enero de 2017
#CreadorasDeCambio interviniendo en el espacio público | Galería
Orbita Diversa, 10 de enero de 2017
Petición al Ayuntamiento de Madrid
Change.org, 7 de enero de 2017
Creadoras en letras, creadoras de cambio
Orbita Diversa, 3 de enero de 2017
#JuguetesSinGénero
Ver artículo relacionado con la campaña y toda la iniciativa en la página de #JuguetesSinGénero en Facebook.
Calendario literario
(Audio)visual
Calendario Literario: diseño de un calendario para el año 2016, con fotografías en diferentes lugares del mundo y microrrelatos.
#JuguetesSinGénero: acción virtual con Órbita Diversa para acabar con los roles de género desde la infancia.
On Kawara – A Day in the Life: documental que reconstruye un día en la vida del artista japonés On Kawara (en inglés con subtítulos en español).
Los Reyes Magos ¿manchan?: idea original y fotografía para la acción virtual con Órbita Diversa con el fin de denunciar la práctica del blackface en las cabalgatas de Reyes.
Felicidad / Happiness: entrevistas sobre la felicidad a gente desconocida por las calles de Madrid, combinando los retratos de las personas con los de la ciudad.
«La vida es la cosa mejor que se ha inventado»: nos deja Gabriel García Márquez



«La vida es la cosa mejor que se ha inventado», afirma el hambriento protagonista de El coronel no tiene quien le escriba, manteniéndose siempre optimista ante las adversidades, ante las penurias, ante las tormentas; porque qué tesoro tan grande, la vida.
Gabriel García Márquez se acaba de marchar y ya no nos regalará jamás preciosos pedacitos de su vida, de una vida con un brillo especial, y el mundo grisea, a la fuerza, inevitablemente. Porque resulta innegable afirmar que quien ha conocido a (la literatura de) García Márquez, ha enriquecido su propia vida.
El genio del escritor traspasa, no obstante, la muerte. Gabo, como lo llamaban (como siempre lo llamaremos), tenía un don innato con el que poquísimos escritores han podido contar: la sucesión de palabritas que encadenan su literatura ahondan en los más profundos sentimientos del ser humano, en los más primitivos, y el lector se ve completamente sumido en sus historias, narradas con suma belleza, porque hablan de él, hablan de usted, hablan de ti.
Y, a pesar de que se confesó varias veces contrario a las normas ortográficas establecidas, se puede culpar a su excelente dominio del lenguaje de engatusar con sus narraciones. La historia de su obra favorita, El amor en los tiempos del cólera, quizás no sea espectacular, pero cómo atrapa, con ese manejo bellísimo del español, esa envidiable narrativa, ese mensaje de amor a la vida, de amor a la libertad, de amor al amor. García Márquez muchas veces es contenido, pero siempre —siempre, siempre— es forma; y así se demostró al llevar al cine esta obra, lo cual tuvo como resultado una película insulsa y aburridísima, sin alma. Por algo él se negaba la mayoría de las veces a llevar sus novelas a la gran pantalla: el alma no se traspasa, porque está contenida en sus palabras.
Pero el amor tiene muchas formas en la vida, lo cual se refleja muy bien en Del amor y otros demonios, que cuenta la historia de una niña amada y rechazada, misteriosa y mártir, una niña con el cabello más largo del mundo; una historia basada en la realidad, aunque pueda no parecerlo.
La celebérrima Cien años de soledad es su obra más aclamada. Y con razón: fundó el movimiento literario del realismo mágico, que consiste en narrar hechos fantásticos mezclándolos con la realidad y convirtiéndolos así inmediata, irrefutablemente en verosímiles. Y en este libro creó el universo de Macondo, un lugar donde se hace del todo creíble la presencia de malabaristas de seis brazos, la existencia de una mujer de más de ciento cuarenta y cinco años y una lluvia que no cesa durante semanas y semanas. Y es que las líneas «Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo» y todo lo que le sigue se ha puesto a la altura de El Quijote, también con un famosísimo comienzo —«En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme»—, lo cual, no cabe duda, supone un grandísimo honor para la figura de Gabo, ganador además de Premio Nobel de Literatura en 1982.
Quizás su novela más infravalorada sea Memoria de mis putas tristes (la última que escribió, en 2004), una delicia literaria que el lector se ve en la obligación de devorar, porque no puede evitar saber si el viejito protagonista se acostará con esa joven virgen a la que tanto desea y la sumará a la lista de amores de pago que ha ido configurando durante toda su existencia.
Y quedan más, claro: la periodística Relato de un náufrago, los deliciosos cuentos guardados en la selección titulada Ojos de perro azul, la autobiográfica Vivir para contarla.
Como se suele decir, los escritores nunca se van, porque queda su obra; y aun así el mundo llora hoy: Gabriel García Márquez se ha marchado para siempre. Pero qué fea la muerte, carajo.
Núria Güell: un ejemplo de artista social


La artista española sigue el camino del modelo de artista que está en contra de las injusticias sociales, reflejando en su obra esta lucha.
La semana pasada, Núria Güell lanzó una petición en las redes sociales, a través de la cual pedía la colaboración ciudadana para crear una herramienta legal con el fin de ayudar a los inmigrantes desalojados de las Naves de Poblenou, en Barcelona. La idea era reunir a trescientos socios de consumo (sin ningún tipo de responsabilidad más que el hecho de poder consumir sus productos) para formar parte de la Cooperativa Ca l’Àfrica, la nave más grande de Europa ocupada y gestionada por africanos. Gracias a este proyecto, financiado por el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, los trabajadores de este espacio podrán autoemplearse y gestionar sus negocios dentro de un marco legal. De hecho, ya se reunieron las firmas necesarias y la petición ha superando los procesos legales.
La inmigración ilegal de personas provenientes de África supone un problema en cuanto a las pésimas condiciones a las que llegan al país (si es que llegan) y al trato que se las da dentro de las fronteras europeas. Lo peor es que las políticas cada vez se endurecen y deshumanizan más, pero gracias a la intervención de artistas como Núria Güell, la ayuda a estas personas se hace cada vez más tangible.

El tema de Europa como paraíso no solo se refleja en las acciones solidarias de la artista, sino también en su obra. En 2008, Núria trazó un proyecto en Cuba, Ayuda humanitaria (expuesto el año pasado en el Centro Cultural de España en Lima), a través del cual un ciudadano del país caribeño podría conseguir la nacionalidad española casándose con ella. El afortunado se elegiría a través de un concurso: quien escribiera la carta de amor más hermosa, ganaría el premio nupcial. El jurado lo compusieron tres prostitutas cubanas y el matrimonio duró hasta 2013, momento en que el chico consiguió la preciada nacionalidad española (y, por ende, europea). Esta propuesta pone en duda el concepto de legalidad y establece los límites entre quién y qué decide que una persona es digna de pisar tal o cual territorio.
Los empáticos y creativos proyectos de Güell le han hecho ganadora de varios galardones de prestigio en el mundo de las artes. El último, el premio GAC al artista joven, otorgado el pasado enero en Cataluña.
«Los que niegan la libertad a los demás no se la merecen ellos mismos.»
Abraham Lincoln (1809-1865), político estadounidense.
Imágenes: Núria Güell
Para mí, el sexo era solo lujuria mezclada con celos
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Nymph()maniac cierra la llamada «Trilogía de la Depresión», compuesta además por Anticristo (escrita después de que von Trier para dos meses hospitalizado por depresión) y Melancolía.
La promoción de la última película del director danés, con esos carteles tan provocativos, y la cantidad de habladurías que la rodearon casi hicieron pensar que el aclamado autor iba a realizar una película puramente pornográfica.
El cine de Lars von Trier es tremendamente visceral y nunca ha tenido remilgos para mostrar escenas sexuales, como ocurre en Los idiotas o en el fantástico prólogo de Anticristo (al que se le hace un autoguiño en Nymph()maniac). Por supuesto, no se puede negar que su última película contiene escenas de sexo —casi siempre explícito— y muchos desnudos —se ven más penes y vaginas de lo habitual en su cine—, pero el tema principal de Nymph()maniac no se basa meramente en el acto carnal, sino que se sumerge en la psicología de la protagonista, Joe (interpretada por Stacy Martin y Charlotte Gainsbourg) y punza las entrañas de la sexualidad.
Joe le cuenta la historia de su vida a Seligman (Stellan Skarsgård), el hombre que la ha rescatado de la calle, donde la encontró malherida. Joe se confiesa ninfómana y toda su narración gira en torno al sexo, el gran motor de su vida, antepuesto a cualquier persona o circunstancia, y al infinito dolor que esta búsqueda insaciable de placer le produce.
Los que conocen bien el cine del danés sabrán que Nymph()maniac no cumple casi ninguna norma del Manifiesto Dogma 95 que Thomas Vinterberg y el propio Lars von Trier redactaron hace casi dos décadas. Pero eso no significa que el film siga las reglas de Hollywood y esta vez la continuidad está muy rota debido a otros factores, como los cambios radicales de actores para un mismo personaje (con todo lo que ello implica: la apariencia física, el acento, etcétera), sin romper así la sintonía del film y (casi) su credibilidad.
La película se divide en dos mitades (destaca la primera) y ocho capítulos. Pero, en conjunto, es tan poética y estremecedora como toda la obra de Lars von Trier: la música, los insertos, la interpretación de los actores (Uma Thurman: breve, pero brillante), los detalles más mínimos, la incomprensible crueldad, los (intelectuales) diálogos, la duración de los planos, las historias tan humanas con personajes llevados al extremo: todo contribuye a que la transmisión de las emociones embargue al espectador. El final es puntiagudo y puede decepcionar, pero la poesía de Nymph()maniac embauca y duele.
Es una pena que no se le dé cabida a este tipo de cine en el Perú, ya que no parece que la vayan a estrenar. Pero si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma: hazte con ella como sea.
Por: Patricia Martín Rivas
Tags: cine, lars von trier, nymphomaniac
Te agarraría la cara con las manos y te besaría las comisuras de tu boca
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La nueva película escrita y dirigida por Spike Jonze, Ella, mezcla amor y melancolía y se puede disfrutar en los cines peruanos desde el 27 de febrero.
Él es Joaquin Phoenix y ella, Scarlett Johansson. O más bien, la voz de Scarlett Johansson. Phoenix encarna a Theodore, un hombre solitario y con una vida sumida en la rutina que se está recuperando de un matrimonio recientemente destruido. Theodore vive en un futuro ¿no muy lejano? en el que la tecnología juega un papel importantísimo en la vida de los humanos. Así, decide adquirir un sistema operativo de última generación y, a partir de ese momento, su vida cambia de un modo inesperado. Llegó ella: Samantha: Scarlett Johansson: la mujer (cuasi) perfecta:ella.
El vínculo que se crea entre los personajes es de lo más original y, a pesar de lo que se pueda pensar a priori, naturalísimo: el espectador no podrá evitar sentirse identificado con ellos y estará inmerso en la historia desde el principio.
Sin embargo, lo que se cuenta no sería tan especial sin la brillante puesta en escena, ni sin la delicada fotografía. Encandilan los planos banales, el efecto quemado, la mezcla del sonido actual con imágenes del pasado, los primerísimos primeros planos. Y un largo etcétera.
Asimismo, el trato del futuro estremece por su realismo, conseguido gracias a la falta absoluta de efectos especiales y de estrambóticos aparatos futuristas: no hay coches voladores ni trajes supersónicos, sino que la ciencia ficción viene de la mano de la sutilidad tecnológica. Es decir, las personas viven de un modo no tan disímil al nuestro (aunque lleven pantalones con un tiro mucho más alto), pero la presencia de la tecnología en sus vidas es aún mayor. Por ejemplo, Theodore trabaja redactando cartas en voz alta y su ordenador las escribe, juega a un videojuego inteligente (¡y muy malcriado!) y va escuchando su correo electrónico por la calle —de cielo contaminadísimo—, que maneja también con un comando de voz. Y ya lo de la inteligencia artificial de Samantha supera cualquier situación actual. Todo ello nos lleva a la reflexión sobre lo que pueda pasar muy pronto y a veces hasta da miedo.
Los actores están sublimes: el rostro de Joaquin Phoenix refleja todas las emociones posibles y se siente un gran cariño infinito por su personaje durante toda la película (y después, cuando se piensa en él) y Scarlett Johansson demuestra qué tal actriz es: solo con su sensual voz —con su bella voz rota— representa un papelón (si de por sí lo más recomendable es ver la película en versión original, en este caso se hace imperativo). Los actores secundarios no aportan demasiado y casi sobran: el espectador solo querrá disfrutar de la intimidad de Theodore y Samantha y deseará que su amor dure eternamente, con las barreras físicas ya disipadas.
Además de muchos otros premios, Ella ganó el Óscar como mejor guión original. Y se lo merece con creces.
Y el Oscar es injustamente para…
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Estas tendrían que haber sido las palabras para anunciar la mejor película extranjera de los premios de la Academia estadounidense de las Artes y Ciencias Cinematográficas.
Y es que La grande bellezza no se merecía el Óscar de ninguna de las maneras. Especialmente cuando la película danesa The Hunt (La caza) competía por el mismo premio. (The Hunt cuenta la historia de un maestro de escuela acusado de pederastia y el film es exacto en su desarrollo y hace sentir al espectador, que para eso está el buen cine: para que sintamos.)
El caso es que la última película de Paolo Sorrentino, la italiana ganadora del Óscar, deja mucho que desear y lo único que se siente al verla es que se está perdiendo el tiempo, además de un deseo profundísimo de que el film se acabe de una vez por todas.
El protagonista, Jep Gambardella (interpretado por Toni Servillo) personifica el prototipo de crápula, pero con un toque casi bonachón. Se trata de un escritor cincuentón que solo ha escrito un libro en su vida —años ha, con mucho éxito por lo visto— y se dedica a realizar trabajillos periodísticos, pero sobre todo a contemplar la vida y a juerguear con sus amigos, también mayorcitos, como si fueran veinteañeros. El elenco de estrambóticos personajes se compone de un puñado de ricachones que van de culturetas y ridiculizan —a las mil maravillas, eso sí— las clases altas y los círculos artísticos. Sus conversaciones no aportan nada, aburren y, a veces, dan náuseas.
La grande bellezza se titula así porque Jep se pasa toda la película intentando buscar la gran belleza, es decir, la inspiración para escribir una nueva novela. Y la gran belleza está ahí, frente a sus ojos, en la Roma onírica que se presenta en la película, en los extraños animales (extraños en la ciudad) que ocupan mágicamente las escenas. La gran belleza es la Roma limpia, la Roma silenciosa, la Roma ordenada, la Roma que no existe. Pero sí que es grandemente bella la fotografía y eso no se puede negar: los planos simétricos, pulidos y casi mágicos mejoran notablemente la película.

El film encandila al principio con la muerte súbita de un turista asiático en la capital italiana, con los hermosos cánticos de un grupo de coristas, pero luego se deshincha y no hay forma de seguirla: los retazos de historias huecas, las tramas que se apagan al instante y la imposibilidad de empatía con los personajes menoscaban cualquier interés primigenio.
Recuerda, al fin y al cabo, a Fellini, a las películas sobrevaloradas de Fellini: un sinfín de insoportables retahílas inmersas, eso sí, en maravillosos planos contemplativos. Quizá por ese motivo haya ganado el Óscar.
Por: Patricia Martín Rivas
Tags: Óscar, gala de los oscar, the hunt, la grande bellezza
Solo estás con fracasados porque eso es lo que crees que te mereces
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Fondo negro, ópera o jazz o música clásica, letras blancas en fuente Windsor: ya llegó la alegría cinematográfica de carácter anual (palmadas interiores): una nueva película de Woody Allen. El último regalo visual del director estadounidense se titula Blue Jasmine.
El prolífico cineasta está pasando por una época cuanto menos extraña, ya que las turbulencias que afectan a su vida personal no interfieren en el vuelo su última obra maestra, gran recolectora de innumerables galardones.
La mayor responsable de tal aglomeración de distinciones es la australiana Cate Blanchett, el personaje principal de Blue Jasmine, que ya se ha hecho con un sinfín de premios en Estados Unidos (Globo de Oro incluido) y que se agenció el Bafta a mejor actriz protagonista el pasado fin de semana. Y, atención, también es una de las cinco actrices nominadas al Oscar por la mejor interpretación femenina en un papel protagonista (en realidad, cuatro actrices: ¿cómo va a ganar Sandra Bullock, una actriz con tal cantidad de bótox que apenas si puede fruncir el ceño?).
Pero la magnífica interpretación de Blanchett viene respaldada de un señor guión, con ese humor tan fino del director judío, y una crítica a la situación financiera actual, pero sobre todo a los vituperios de los grandes empresarios (que no siempre grandes personas) y a la frágil vida lujosa que se pegan gracias a sus menesteres ocultos.
El largometraje relata en noventa y ocho minutos (¡y para qué más!) historias vitales de ricos y pobres y habla de la subida y la caída, de la felicidad ―tan ligada al dinero, como expresa Jasmine con frases como la del título del artículo, casada con un magnate interpretado por un Alec Baldwin bastante normalito en su papel; o no, como demuestra en todo momento su alegre hermana―; perfila a sus personajes con pinceladas gruesas pero acertadísimas; viste de un ritmo trepidante, una agilidad envidiable y una limpieza de planos académica pero deliciosa; se desarrolla en la bella y habitual Nueva York y esta vez también en la hermosa San Francisco (raro: California, oh, la pobre, tan despreciada por Allen) y cuenta con buena música. Siempre con buena música.
Se trata, en fin, de una de esas películas que ha parido Woody Allen muy bien hechita, una de esas no protagonizada por un entrañable hombrecillo neurótico obsesionado con la existencia humana (como últimamente, por otra parte). A veces, uno no sabe qué esperar del genio neoyorquino (nacido en 1935, ojo), y es que estrena una película por año desde 1977, el año de [reverencias, ahora] Annie Hall, con lo que es muy fácil que salga algún film menor de vez en cuando. Pero Blue Jasmine es un obrón a la altura de los más recientes. Un Match Point. UnMedianoche en París. Y ya tiene a punto de salir del horno Magic in the Moonlight, ya en fase de posproducción, según el sitio de imdb.
Está desde el seis de febrero en los cines peruanos. No se la pierdan por nada del mundo.
Por: Patricia Martín Rivas
Tags: cine, woody allen, blue jasmine, cine de autor
¿Quién dijo arte latinoamericano contemporáneo?



Una de las tareas más difíciles que existen en el mundo es elegir qué visitar en la maravillosa ciudad de Buenos Aires. Las opciones son tan amplias y atractivas que se puede llegar a sentir angustia a la hora de escoger, de recopilar recomendaciones, de haber hecho esto y no lo otro.
Una elección siempre acertada es el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, más conocido como Malba. La colección permanente ya de por sí es atractiva: presenta propuestas contemporáneas de artistas latinoamericanos, casi siempre con base más bien internacional, pero de vuelo latino. Con ello, se puede apreciar perfectamente cómo los estilos que nacieron en Europa o Estados Unidos viajaron al sur y se relavaron con aires latinos con un par de décadas de distancia, y en el Malba se ven todos estos neos (Neodadá, Neoconcretos, Neoconceptualismo): una vuelta de tuerca a lo ya sucedido.
La gente pasa de largo en el insulso Minimal, se interesa por las numerosas acuarelas de Alejandro Xul Solar y se arremolina alrededor de las obras del grupo argentino Mondongo (activo desde 1999), que compone sus obras con materiales poco convencionales, como caramelos o embutidos y, últimamente, plastilina, creando piezas verdaderamente asombrosas. Asimismo, el museo presume con la cabeza bien alta (y una sala extremadamente documentada) de su adquisición más reciente: Mercado colla o Mercado del altiplano, un mural americanista en tonos pastel del artista nacional Antonio Berni.
Si bien la colección permanente es interesante, dos de las exposiciones temporales que hay actualmente son imperdibles. Por un lado, se puede decir que Encuentros/Tensiones amplía la muestra fija, con arte latinoamericano contemporáneo muy bien explicadito, a partir de la propuesta de que el arte local y el universal se unen y (pro)crean, con una fricción, pero de un modo bellísimo.
Por otro lado, hay dos espacios reservados a artistas femeninas. Uno es soso y totalmente prescindible: las esculturas de Elba Bairon, que ni fu ni fa. En cambio, el otro es espectacular: en El hombre con el hacha y otras situaciones breves, una instalación in situ de la artista contemporánea argentina Liliana Porter, a uno le invade una sensación de angustia (pero una angustia muy hermosa) y le hace reflexionar sobre la teoría del caos, a través del particular elenco de personajes que forman parte de la constante de la artista. La obra que le da nombre a la exposición es brutal: un señor diminuto, hacha en mano, de un solo golpe provoca tal efecto que empieza atacando algo chiquito y se crea un efecto dominó por el cual acaba destrozando un piano de tamaño humano —y qué tan inmensas pueden llegar a ser hasta nuestras acciones más ínfimas—.
El museo cuenta con una disposición maravillosa: el espacio está muy bien aprovechado (pero sin llegar a agobiar al visitante), el arte fluye hasta por los bancos en los que se puede descansar y las salas son increíblemente explicativas. Pero tenga cuidado con las fechas: por ejemplo, la exposición de Porter, según la cartelería terminó hace una semana, según uno de los trabajadores acabará en marzo y según la página web estará abierta hasta febrero. Sea como sea, la colección es digna de ver y, aunque se llegue después de la semana pasada, febrero, marzo o siempre, seguro que la visita será altamente satisfactoria.

«Quienes dicen que el arte no debe propagar doctrinas suelen referirse a doctrinas contrarias a las suyas.»
Jorge Luis Borges (1899-1986), escritor argentino.
El detalle y la Tierra aquí (o allí) y ahora
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En la atiborrada Avenida Paulista levita el Museu de Arte de São Paulo, con todo el peso de su gris armazón sosteniéndose sobre sus patitas rojas: unas columnas que lo elevan para poder entrar a visitarlo desde debajito, literalmente, del edificio.
Cada planta del MASP cuenta con espacios no muy diferenciados físicamente (y a veces es fácil traspasar de uno a otro sin ni siquiera percatarse), pero el planteamiento es bueno. Llama mucho la atención por su arquitectura y su seducción no engaña: en estos momentos cuenta con una buena colección de fotografía internacional (destaca potentísima Marina Abramović), con una exposición cuyo centro es el detalle y otra (cofinanciada por el museo) de fotografía aérea y con una retrospectiva de los grabados de trazo fino del pesimista Lucian Freud, la cual enlaza con fotografías de su asistente David Dawson en una faceta más íntima del pintor y de sus creaciones.
La original presentación curatorial de O triunfo do detalhe (e depois, nada) es muy destacable. Se muestran obras desde los inicios de la historia del arte hasta la contemporaneidad, yendo de estilos con un gran uso del detalle, como el Gótico o el Rococó, a la total ausencia de él, con lo que la visión se extrapola más bien al conjunto, como sucede en el arte abstracto o el conceptual. La colección cuenta con obras menores, que no menos interesantes, de artistas de la talla de Ingres, Velázquez, el Bosco, Rubens, Monet o Matisse; y hay un brillo especial en las obras menos famosas que radica en la posibilidad de conocer la «cara b» de un artista. La iluminación, no obstante, es sencillamente pésima: no hay manera de disfrutar como se merece de los retratos, bodegones y paisajes, ni de cerca ni de lejos.
Tampoco hay que perderse La Tierra desde el cielo, de Yann Arthus-Bertrand, una exposición itinerante que lleva desde 1999 viajando por todo el planeta y enseñando eso mismo: el planeta Tierra. Está situada justo debajo del museo (y en Trianon, el parque de enfrente) y se puede visitar hasta el 15 de diciembre. No solo las fotografías en sí son vibrantes en cuanto al color, la distribución y el contenido, sino que los comentarios que las acompañan lanzan un mensaje que lleva a la reflexión, sobre temas como la pobreza, el trabajo, el agua potable o la muerte, siempre a nivel mundial. A partir de ese juego, compone una obra completísima que baila entre la información y la denuncia.
El MASP es gratuito los martes y algunas de sus obras son tan potentes que calan en uno y se graban en la mente; por suerte: es uno de esos museos que siguen esa fastidiosa política de no poder tomar fotografías.
«Mucha gente se fascina por los detalles y se olvida de lo que busca.»
Paulo Coelho (1947), novelista, dramaturgo y letrista brasileño.
Por: Patricia Martín Rivas
Tags: galerías, museu de arte de são paulo, masp
Los intis viajan a Barcelona de la mano de Alán Carrasco


Imagínese asistir a una exposición en la que se presentan billetes con valor de un millón de dólares. Quizás ver un millón de dólares, así, sin más, no resulta demasiado emocionante.
Pero la obra Mi primer millón de dólares no es lo que a priori parece. Su creador, el español Alán Carrasco, quien vivió en el Perú durante algo más de tres años, decidió criticar el sistema monetario de un modo inquietante (y hermoso): calculó cuántos intis equivalían a un millón de dólares en noviembre de 1986, momento preciso del nacimiento del artista, y se dedicó a recolectar esa cantidad por diversos mercados del país. Tuvo que reunir 16 351 700 intis para alcanzar la cifra deseada. Felizmente no nació en 1991.
A través de esta muestra, el español quiere hablar de la ridícula devaluación de la moneda en curso en el país desde 1985 a 1991. En un principio, se emitieron monedas desde un céntimo de inti y billetes de hasta 500 intis. Con el paso del tiempo, antes de la muerte de la moneda y como consecuencia de la cruel inflación, llegaron a existir billetes de 5 000 000 intis. Ni más ni menos. Cinco millones de intis. Ni que decir cabe lo que esto supuso para la población: muchos se arruinaron, y todo porque una fuerza todopoderosa (la economía) dictó el valor de los papelitos sin que le temblara el pulso a nadie.
Esto es lo que denuncia Alán Carrasco en su exposición Mi primer millón de dólares, que se podrá visitar en el espacio expositivo EspaiDos, Barcelona, España, hasta el próximo 20 de octubre. La obra forma parte del ciclo expositivo Financial Crimes. Poètiques en l’era del colonialisme financer(literalmente, «Crímenes financieros. Poéticas en la era del colonialismo financiero»), curado por el mexicano Iván Mejía. Dicho ciclo se centra, según el propio Carrasco, «en las arbitrariedades e injusticias que vienen siempre de la mano del dinero y sus fieles gestores».
La exposición contempla tres piezas en diálogo: el millón de dólares en intis, un afiche con las tasas de cambio a dólar norteamericano de todas las divisas en circulación en el Perú entre enero de 1950 y agosto de 2013 y un audio envolvente proveniente del suelo de la galería en el que se oye la intervención de Hurtado Milleren el llamado fujishock. Así, la voz del ex primer ministro y ex ministro de economía anunciando los nuevos precios del inti (una lata de leche, por ejemplo, pasó de costar 120 000 intis a 330 000 de la noche a la mañana) resuena en un decorado de cifras y billetes. Quizás la limpieza formal de la propuesta provoque en el visitante un escalofrío: la disposición de los billetes, en un cuidado gradiente de más nuevo a más desgastado, hace que parezcan inofensivos, casi pictóricos, pero su gran poder (y posterior caída) muerde al imaginario. Uno acaba preguntándose por qué aceptamos el valor del dinero que unos pocos dictan y que, realmente, solo tiene valor si las dos partes así lo aceptan.
La obra de Alán Carrasco siempre tiene un contenido altamente político. Quizás su nombre le resulte familiar por la censura que sufrió el pasado mes de abril en la capital del país, cuando ARTLIMA (Feria Internacional de Arte de Lima) decidió retirar su obra Iconoclasia, un tríptico centrado en el conflicto armado del Perú, descolgándola literalmente de la pared unas horas antes del inicio del evento y sin una explicación formal y creíble por parte de la organización.
Afortunadamente, esta vez su obra ha podido ver la luz. Así que si tiene la suerte de encontrarse en Barcelona, aproveche la oportunidad para disfrutar de esta propuesta artística: seguro que le llevará a la reflexión y, muy probablemente, le entrarán unas ganas incontenibles de querer cambiar el mundo.
Dólares comparados con soles de oro, intis y nuevos soles.
(Foto: Alán Carrasco)
«El oro circula porque tiene valor, pero el papel moneda tiene valor porque circula.»
Karl Marx (1818-1883), filósofo, intelectual y militante político alemán.
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Galerías
Un recorrido por las galerías y exposiciones de diversas partes del mundo. Está usted invitado, abra los ojos.
Patricia Martín Rivas
Comunicadora especializada en arte.
Por: Patricia Martín Rivas
Tags: galerías, alán carrasco, mi primer millón de dólares












